Tren y bicicleta: la reserva que muchos desconocen

Desde este año, llevar la bicicleta en los trenes suizos ya no es tan espontáneo como antes. En buena parte de la red, incluyendo Grisones, Suiza…

Desde este año, llevar la bicicleta en los trenes suizos ya no es tan espontáneo como antes. En buena parte de la red, incluyendo Grisones, Suiza central, Oberland bernés, Valais y varios servicios en la Romandia, la reserva de plaza es obligatoria. No es una sugerencia. Si subes al tren con la bici sin haberla confirmado, te expones a que te obliguen a bajar en la siguiente parada. El sistema lleva tiempo implantado en algunos tramos y se ha extendido precisamente porque la demanda ha desbordado la capacidad de los vagones autorizados.

La reserva se hace en la app de los CFF al comprar el billete, o en los mostradores de las estaciones. El precio es simbólico. Lo que no es simbólico es llegar al andén convencido de que basta con tener el abono general y descubrir que tu bicicleta no tiene derecho a subir. Esto no es teoría: pasa cada fin de semana en las estaciones de montaña entre mayo y octubre, cuando la afluencia de cicloturistas multiplica la presión sobre los vagones habilitados.

La lógica es la de siempre: Suiza regula. No prohíbe el uso de la bicicleta en el tren, ni mucho menos. Lo que hace es gestionar el flujo con reglas claras que, si las conoces, no suponen ningún problema. El problema es que mucha gente lleva años subiendo sin reserva porque nadie se lo había impedido hasta que cambió la norma. El sistema no perdona despistes, pero tampoco es difícil de usar una vez que sabes que existe.