La ley suiza (Código de las Obligaciones, art. 210) fija en dos años el plazo para reclamar defectos en un producto comprado. Hasta ahí, todo suena bien. El detalle que cambia todo es que este plazo no significa que tienes dos años para decidir si el producto te gusta o no: significa que tienes dos años para descubrir un defecto oculto que existía en el momento de la compra y notificárselo al vendedor de forma inmediata. Si lo descubres y esperas semanas para reclamar, puedes perder ese derecho.
El otro punto que muchos desconocen es que la garantía legal cubre defectos preexistentes, no desgaste normal ni problemas derivados del uso. Si un electrodoméstico se rompe porque lo has usado mal, la garantía no te ayuda. Además, cuando compras un producto de segunda mano, el vendedor puede reducir legalmente el plazo de garantía a un año. Lo que no puede hacer, en ventas entre empresa y consumidor, es eliminar ese plazo por completo, aunque puede intentarlo con cláusulas contractuales explícitas que figuren fuera de las condiciones generales.
Hay que distinguir también entre la garantía legal y la garantía comercial que ofrecen fabricantes o tiendas. Esta última puede ser más generosa que la ley, pero sus condiciones las fija el vendedor. En Suiza no existe el derecho automático de devolución si un producto funciona bien pero simplemente no te gusta: ese derecho no está en ninguna ley, depende de la política de cada tienda. Quien llega de España confundiendo los dos sistemas suele descubrirlo en el mostrador de devoluciones, con cara de pocos amigos y poco margen de maniobra.