Una publicación en nuestro grupo whatsapp hiceron saltar mis alarmas. Una cosa es advertir a alguien con honestidad de que, en muchos sectores, puede encontrar más barreras. Eso existe. Negarlo sería venderle una película. En Suiza hay bastantes empleadores más reticentes que en otros países europeos con símbolos religiosos visibles, sobre todo en puestos de cara al público. No es bonito, pero es la realidad.
Otra cosa muy distinta es convertir esa realidad en barra libre para humillar, insultar o reducir a una persona a un pañuelo. Una chica pregunta si tiene posibilidades de trabajar, y en vez de hablar de CV, idioma, experiencia, permisos o sectores donde puede encajar, algunos sacan el catálogo completo de prejuicios. Qué sorpresa, luego se quejan de que "la gente no quiere trabajar".
Se puede decir: "te será más difícil". Se puede decir: "en limpieza, producción, logística o puestos internos quizá tengas alguna opciones". Se puede aconsejar adaptar el CV, mejorar el francés, apuntar a empresas grandes o estructuras más diversas.
Lo que no hace falta es soltar comentarios racistas, burlas o lecciones de integración de bar de autopista.
Ayudar también es decir la verdad. Pero la verdad no necesita ir envuelta en desprecio.