La semana pasada el Gobierno suizo anunció que va a endurecer las condiciones para que ciudadanos extranjeros no comunitarios compren vivienda en el país. El titular viajó por varios medios españoles con más dramatismo del necesario. La realidad para un español con permiso de residencia en Suiza es bastante diferente a lo que sugieren ese tipo de noticias.
La regulación suiza que controla la compra de inmuebles por extranjeros se llama Lex Koller y existe desde hace décadas. Lo que establece es una distinción clara según el tipo de permiso. Si tienes permiso C, tienes exactamente los mismos derechos que un ciudadano suizo: puedes comprar libremente una vivienda principal, una propiedad de inversión o cualquier bien inmueble, sin necesidad de ninguna autorización especial. Si tienes permiso B, la situación es más restringida: puedes comprar una vivienda principal para uso propio, pero necesitas una autorización del cantón donde se encuentre el inmueble, y la propiedad no puede usarse como inversión ni ponerse en alquiler.
Las nuevas medidas anunciadas apuntan específicamente a ciudadanos de países que no son ni de la UE ni de la AELE. Serían los únicos obligados a pedir autorización previa y a revender la propiedad en un plazo de dos años si abandonan el país. Para un español, ciudadano de la UE con libre circulación garantizada por los acuerdos bilaterales, estas restricciones no aplican.
Dicho todo esto, que puedas comprar no significa que sea sencillo. El mercado inmobiliario suizo es uno de los más caros y competitivos de Europa, los precios de entrada en ciudades como Ginebra o Zúrich son elevados, y las condiciones hipotecarias exigen habitualmente una aportación propia mínima del 20%. El obstáculo no es legal, es económico. Y eso, el Lex Koller no lo resuelve.