En las últimas semanas, la patronal de la industria mecánica y electrónica suiza (Swissmem) ha pedido al gobierno que autorice el recurso al Kurzarbeit, el mecanismo de reducción del horario de trabajo subvencionado por el seguro de paro. El motivo directo son los aranceles estadounidenses, que aunque se redujeron del 39% al 15% después de semanas de tensión, siguen afectando a las exportaciones suizas hacia Estados Unidos, especialmente en sectores como la farmacia, la maquinaria y la relojería. Para los trabajadores, lo importante es entender qué significa eso en la práctica.
El Kurzarbeit (RHT en los cantones francófonos, Kurzarbeit en los germánicos) permite a una empresa reducir las horas trabajadas sin tener que despedir a nadie. La diferencia entre las horas habituales y las trabajadas la cubre, en buena parte, el seguro de paro: hasta el 80% del salario de las horas no trabajadas. No es un regalo de la empresa, es una prestación del sistema de seguridad social que se activa cuando la razón de la reducción es económica, técnica o estructural, y no atribuible al trabajador. La empresa lo solicita ante la oficina cantonal de empleo, y el trabajador debe aceptarlo por escrito, ya sea en el contrato o mediante un acuerdo expreso.
Si trabajas en una empresa del sector industrial o exportador y te hablan de Kurzarbeit en los próximos meses, lo primero es verificar que la empresa ha solicitado la autorización cantonal correctamente. Lo segundo es saber que durante ese período sigues cotizando, sigues teniendo derecho a las vacaciones habituales, y el período de Kurzarbeit cuenta para la antigüedad. Lo que no puedes hacer es cobrar horas extras al mismo tiempo que se están reduciendo las horas por Kurzarbeit: eso se controla. El mecanismo existe precisamente para evitar despidos masivos en períodos de crisis temporal, y Suiza lo ha usado de forma masiva en 2020 durante la pandemia. Este año, el contexto es diferente, pero la lógica es la misma.